A mis hijos jamás les trajo regalos Santa. No es costumbre en el sur del país, allá sólo van los Reyes Magos, y el 5 de enero es la noche mas esperada del año por los pequeños en mi natal Veracruz
En Navidad sólo les dábamos un regalo relativamente pequeño, a la hora de acostar al niño Dios, y los adultos intercambiábamos regalos, algo más bien simbólico. Pero Reyes… eso era hermoso!! La desvelada esperando que los niños se durmieran, el contubernio con vecinos y amigos para esconder las cosas, el deshacerse sin dejar rastro de los sándwiches, la leche, las galletas para los reyes y ¡el pasto para los animales! que los niños dejaban cerca del árbol
el que te despertaran a las 4 ó 5 de la mañana emocionados de ver lo que les habían dejado y el tratar de convencerlos de que era DEMASIADO temprano para ir a las casas de los abuelos y tíos a ver qué les habían dejado allá.. y a una hora razonable empezar la peregrinación a casa de todos los familiares que se acordaban de dejar una cartita a los reyes a nombre de mis hijos, en su casa y llevar, por supuesto, lo que los reyes habían dejado en nuestro arbolito para los primitos… ¡qué felices eran los niños! ¡cuántos amiguitos y vecinitos llenaban la calle probando su bicicleta nueva o su carrito de control remoto!
Obviamente lo difícil es cuando los niños crecen y hay que contarles “las cosas como son”
Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como
todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando
ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:
- ¿Papa?
- Sí, hija, cuéntame
- Oye, quiero… que me digas la verdad
- Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido
- Es que… -titubeó Cristina
- Dime, hija, dime.
- Papá, ¿existen los Reyes Magos?
El padre de Cristina se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el
origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el
suyo que le miraba igualmente.
- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Cristina le obligó a volver la mirada hacia la niña y
tragando saliva le dijo:
- ¿Y tú qué crees, hija?
- Yo no se, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen
porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.
- Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos … pero…
- ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis
engañado!
- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen -
respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Cristina .
- Entonces no lo entiendo. papá.
- Siéntate, cariño, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha
llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba
con la mano el asiento a su lado.
Cristina se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le
sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la
verdadera historia de los Reyes Magos:
-Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una
gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba
de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más
anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños
del mundo y ver lo felices que serían.
- ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No
seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en
el mundo.
Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros
con cara de alegría, comentó:
- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos,
ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero
entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y
el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y
la voz de Dios se escuchó en el Portal:
- Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a
ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder
llevar regalos a todos los niños?
- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones
y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo
a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes., no existen
tantos.
- No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para
cada niño que hay en el mundo.
- ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes con cara
de sorpresa y admiración.
- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer
mucho a los niños? -preguntó Dios.
- Sí, claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes.
- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más
entusiasmados los tres.
- Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los
conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios
estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de
Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en
Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en
vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los
regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la
entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero
cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les
contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños
harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén,
recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.
Cuando el padre de Cristina hubo terminado de contar esta historia, la niña se
levantó y dando un beso a sus padres dijo:
- Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me
queréis y que no me habéis engañado.
Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras
decía:
- No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que
viene ya guardaré más dinero.
Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos
contemplaban la escena tremendamente satisfechos.
Que esta noche, además de comer una rica rosca acompañada de chocolate caliente, la ilusión, la alegría y la generosidad inunden sus corazones. ¡Feliz día!