En esta época, decir que a uno le gusta la fiesta brava es algo que muchos consideran “políticamente incorrecto”; por lo mismo dá como que pena sacar el tema en alguna conversación, porque nunca falta alguien que te va a criticar (a veces de forma nada amable y bastante agresiva) por disfrutar del toreo :-( Es algo así como la amiga que tengo que le dá muchísima pena decir que su familia se dedica al negocio de la peletería… son temas que simplemente no se sacan a colación.

Sin embargo, no me dá pena admitir que ayer ví (por televisión, porque no tuve dinero para comprar boletos y poder disfrutarlo en la monumental) la increíble, majestuosa y emocionante despedida de los ruedos del maestro Eloy Cavazos; y que en muchas ocasiones me puse de pié a aplaudirle en medio de la sala de mi casa.

Eloy lució con tremenda maestría, con un dominio y un arte impresionantes. Alf, que no es tan aficionado a los toros como yo, estaba igual de emocionado y entusiasmado con las suertes del matador ¡Maestro!

De hecho, todos los que le acompañaron esa tarde sacaron la casta y nos brindaron faenas de antología.

Y llegó el último toro, una bestia llamada “maestro” de poco más de 470 kg. ¡Qué entrega! Eloy al borde de las lágrimas, lidiando como los grandes, con una maestría impresionante. Y la gente entregada, la monumental vibrando con tanta ovación.

En total se llevó 4 orejas y 2 rabos, con las 2 bestias que lidió, la gente no iba a permitir menos ¡¡Y se las merecía!!

Definitivamente ayer nos demostró el por qué se le considera una leyenda viva de la fiesta brava.

Hubo momentos tremendamente emotivos, como cuando su hija le cortó la coleta, misma que él entregó a su esposa, ahí le ganaron las lágrimas al maestro.

Y al final, dar la vuelta al ruedo, en hombros de su propio hijo, para luego ir al centro de la plaza a agradecer a todos y cada uno de los que lo apoyaron y acompañaron a lo largo de sus más de 40 años de trayectoria.

Creo que, lo único que puedo decir es ¡Gracias Maestro! Por una carrera impresionante y por regalarnos, ayer, una tarde simplemente inolvidable.