Todos tenemos un fan, o somos fan de alguien o de algo.  El ser fanático, si se lleva con mesura y sentido común, no es malo.  Los problemas empiezan cuando nos cegamos y nos obsesionamos con el objeto de nuestra admiración, y nos metemos en problemas con familiares, amigos y compañeros de trabajo u oficina. Porque vemos “moros con tranchetes” por todos lados y defendemos de supuestos ataques con uñas y dientes nuestras creencias. O nos obsesionamos tanto con el objeto o persona de nuestros sueños que incluso ponemos nuestras vidas en peligro con tal de tenerlo cerca.

Pasa en los deportes, en la política, en la farándula… ¡en todos los ámbitos!

En política lo vivimos muchos bloggers hace un par de años, cuando las elecciones presidenciales. Si nos atrevíamos a hacer un post defendiendo nuestro candidato y criticando a otro, llovían los partidarios del otro candidato, no solo a razonar, sino a insultar a veces de forma irracional.

En el mundo de los espectáculos, es más frecuente encontrar fans “de hueso colorado” capaces de hacer lo que sea por su grupo o cantante favorito.  Ya el Sincronizado lo vivió, cuando hizo un post sobre RBD y los supuestos mensajes diabólicos de sus discos: mas de 500 comentarios tuvo (y siguen llegando), de fanáticos de ese grupo.  Sólo que en este medio, el ser fanático es algo temporal ¿Quién se acuerda ya, por ejemplo, de Camilo Sesto? Cuando hace unos 30 años las mujeres se desmayaban por él peor que con Luis Miguel o Ricky Martin. :lol:

En los deportes ni se diga, sobre todo en el futbol, la fanaticada difícilmente logra controlar sus pasiones, así que los noticieros están plagados de notas sobre pleitos entre hinchas de distintos equipos, que por desgracia algunas terminan con saldo trágico :-(

O como la joven que hizo noticia esta semana, tan fanática de Messi, que puso su vida en peligro por estar junto a él, saltando desde las tribunas hacia el túnel donde iba pasando su ídolo.

Otro personaje que causa verdadero furor, aún después de muerta, es la Princesa Diana, cuyos fans llegan a pagar verdaderas fortunas por obtener algún objeto que le haya pertenecido a ella.

El ser fanático de algo o de alguien, es quizá en el fondo, el deseo de pertenecer a algún lugar, de sentirse identificado con algo. Por eso se forman los clubes de fans, que se reúnen a compartir sus aficiones.    Como dije en un principio, no tiene nada de malo si se lleva con mesura. Pero si el fanatizarnos nos hace perder nuestra identidad y alejarnos de las personas que amamos, nos hace obsesionarnos al grado de cometer actos no tan coherentes, entonces sería bueno hacer una pausa en el camino y reflexionar un poco.

¿Cuantos clones de Mía y Roberta no anduvieron por ahí cuando RBD estaba en su apogeo? ¿cuantas personas conocemos que se pasan hoooooooras y horas hablando de determinado videojuego y no tienen otro tema de conversación? ¿Cuántos han gastado fortunas en adquirir coleccionables de tal o cual persona, serie o personaje?

Muchos… supongo que demasiados…  Pero bueno, este tema podria dar para más, solo que luego regreso a terminarlo, voy a limpiar mis muñequitos de StarWars ;-)