El fin de semana estaba comprando con Alf lo de la cena navideña, al menos lo no perecedero, y estando en el departamento de frutas y verduras, en el mueble donde tienen toooodo para el ponche, mientras echaba la fruta a bolsas me puse a calcular mentalmente a cuántas personas, de las que cenan con nosotros, o vienen al recalentado, realmente les gusta y lo toman, para no hacer de más y llevar todo lo necesario… Luego de pensar en 3 ó 4 nombres, me volteo hacia Alf, que estaba a un par de metros de distancia, y le digo en voz alta “¿A quién les gusta el ponche?”

Y resulta que la vendedora de cierta marca de bebidas en polvo, que por esta temporada sacaron a la venta una con sabor a ponche me dice “¡A todos! lleve varios sobrecitos que está muy bueno!” :shock:

La miré con extrañeza, le dije que si, que no dudaba que estaba bueno, pero que no gracias, y seguí echando la fruta a las bolsas…. ¡¡Y que se arranca la ingrata a regañarme!!! :shock:

“No señora, no hay que trabajar tanto, luego a la hora de la cena una es la última que se sienta a la mesa y ya come todo frío. Hay que apapacharse, darnos tiempo para arreglarnos las uñas…” Y que levanto la mano y le enseño mis uñas, que casualmente las traía arregladas :lol: (aunque por lo metiche, nadamás le debería haber enseñado la uña del dedo medio a la canija, a ver si se callaba). Y seguía rezongando “¡Sí! pero hay que ir al salón de belleza a arreglarnos y ponernos lindas, gozar de la cena y no estar como esclavas… bla bla bla…”

Hasta que me hartó y la callé. Le dije que si a ella no le gustaba cocinar no era mi problema, pero que la cena de navidad de mi familia yo la hacía siempre, con gusto, que era algo que lo disfrutaba mucho, y que se me haría una grosería para mi familia servirles en lugar del tradicional ponche de frutas de cada año una jarra de bebida artificial, que el pavo y todo lo demás lo hacía yo con mucho amor y cariño, que la arreglada, las uñas y el cabello valen un soberano pepino ante la satisfacción de ver los platos vacíos y las sonrisas de todos  al final de la cena. Y que una comida hecha en casa, con amor y cuidado JAMÁS se va a comparar con la que se compra ya hecha, como anuncian algunas carnicerías o restaurantes.

Quizo seguir rezongando, pero se lo impedí con un sencillo “Gracias, con permiso que tengo mucho que comprar todavía”. Y me fui dejándola hablar sola :roll:

¿Po’s esta? Una cosa es que su empresa la contrate para vender su producto y tratar de convencer al cliente, pero otra muuuuuy distinta es ser grosera, faltar al respeto, y desahogar sus frustraciones con posibles clientes :evil:

Y me voy a la cocina, que ya empezó mi maratón navideño y tengo muuuucha comida qué preparar :-D